Lo más importante de la declaración

  • Una declaración de la American Heart Association, la primera en su tipo, afirma que los factores sociales, como la educación, los ingresos y la raza, podrían comprometer los progresos alcanzados en la reducción de las muertes ocasionadas por enfermedades cardiovasculares.
  • No tener en cuenta los factores sociales podría perjudicar el objetivo de la American Heart Association de reducir las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares para el 2020, y de mejorar la salud cardiovascular por un 20%, entre la población estadounidense.

Embargado hasta el lunes 3 de agosto de 2015 a las 3 p. m. CT/4 p. m. ET

DALLAS, 3 de agosto de 2015 — Las muertes ocasionadas por infartos de miocardio, accidentes cerebrovasculares y otras cardiopatías han disminuido, pero los factores sociales, como la raza, los ingresos, el entorno y la educación podrían revertir esa tendencia, según una declaración científica primera en su tipo de la American Heart Association.

Los avances en las áreas de prevención y tratamiento han impulsado la disminución de las muertes ocasionadas por enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los beneficios no se han compartido equitativamente entre los grupos económicos, raciales y étnicos de los Estados Unidos, según la declaración publicada en la revista de la asociación, Circulation.

“La disminución ininterrumpida de las muertes ocasionadas por enfermedades cardiovasculares que comenzó en los años 70 podría estar en riesgo de detenerse. La salud general de la población no puede mejorar si hay partes de la población que no se benefician de los avances en las áreas de prevención y tratamiento”, dijo Edward P. Havranek, M.D., presidente del grupo de escritura y cardiólogo en el Denver Health Medical Center, y profesor de cardiología en la Escuela de Medicina de la Universidad
de Colorado en Denver, Colorado.

Los factores sociales determinantes incluyen circunstancias en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen. La declaración realizada da cuenta de diversas áreas en las cuales se han demostrado asociaciones evidentes entre los factores sociales y la salud cardiovascular. Entre algunos factores se encuentran los siguientes:

  • La educación es el mayor indicador del estatus socioeconómico de una persona, ya que determina el tipo de trabajo realizado, el acceso al cuidado de la salud, los ingresos y el nivel de estrés, entre otros. Las investigaciones indican que las personas con un nivel educativo más bajo sufren de una muerte más prematura, en gran medida debido a enfermedades cardiovasculares, según Havranek.
  • Entre más bajos son los ingresos, más altos son los riesgo de padecer una cardiopatía. En un estudio realizado entre más de 500,000 hombres, los investigadores descubrieron que, en familias con un nivel de ingresos en aumento, el riesgo de padecer una muerte de origen cardiovascular disminuía entre un 40% y 50%.
  • En los Estados Unidos, la raza y la pobreza están estrechamente relacionadas, especialmente entre los afroamericanos. Algunas diferencias en el riesgo de padecer de enfermedades cardiovasculares entre distintas razas se pueden explicar mediante la genética y la biología entre otros factores que influyen. “Se está estudiando activamente si la parcialidad y el prejuicio tienen como resultado menos cuidado o cuidado más deficiente”, dijo Havranek. “También existe evidencia que indica que las personas que sufren los factores estresantes crónicos, como el racismo, son más propensas a tener una presión arterial más alta”.
  • Hay estudios que respaldan la teoría de que los vecindarios donde la gente vive pueden afectar el riesgo de padecer una cardiopatía. “Aún debemos obtener más información en cuanto a las razones de esta teoría, pero entre los factores que contribuyen se encuentran la falta de acceso a alimentos saludables y de actividad física, niveles más altos de estrés como resultado de más delincuencia, ruido, tránsito, etc.”, comentó Havranek.
  • Desarrollo prenatal y primera infancia. Hay cada vez más evidencia que sugiere que la tendencia de una persona a tener una presión arterial alta o, tal vez, diabetes en su adultez está, de alguna manera, determinada por acontecimientos que sucedieron antes del nacimiento o durante los primeros años de vida. Hay evidencia que indica que los niños que nacen con poco peso suelen sufrir cambios estructurales en el corazón y en los riñones, que pueden hacerlos más propensos a tener presión alta y diabetes en su adultez.

Además, un estudio descubrió que las personas que en edad preescolar asistieron a una guardería con un programa más avanzado, donde las educaron, las llevaron a un pediatra y las alimentaron saludablemente, ahora, 30 años después, tienen menor riesgo de padecer de cardiopatías en comparación con aquellas que asistieron a una guardería común y corriente. “Si a los niños en edad preescolar se les ofrece un cuidado más intenso, es posible que se prevengan las enfermedades crónicas en los adultos”, señaló Havranek.

  • Acceso al cuidado de la salud. El acceso a un seguro de salud podría mejorar de manera considerable con la Ley del Cuidado de Salud Asequible. “Debemos contar con un sistema de cuidado de la salud que reciba a las personas pertenecientes a grupos desfavorecidos y les ofrezca la atención de médicos de atención primaria de salud y cuidados oportunos”, señaló.

Se espera que la cantidad de casos de enfermedades cardiovasculares en los Estados Unidos aumente alrededor del 10% entre 2010 y 2030. Según la declaración, la dinámica social de las enfermedades cardiovasculares ayuda a impulsar el aumento. Tener en cuenta las influencias sociales, genéticas y biológicas de la salud cardiovascular en los Estados Unidos es fundamental para lograr lo que la American Heart Association llama una “cultura de salud” inclusiva.

“Si no se aborda la dinámica social de las enfermedades cardiovasculares, se verá comprometido el objetivo de la American Heart Association para 2020 de mejorar la salud cardiovascular de la población estadounidense por un 20%, y de reducir las muertes ocasionadas por enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares en un 20%”, dijo Havranek.

La declaración sugiere que los médicos y los consumidores le presten atención a cómo los factores sociales pueden influir en la salud cardiovascular, y recomienda seguir pasos específicos para mejorar aquellos factores sociales que podrían influir de forma negativa en la salud cardiovascular. Entre ellos se encuentra el enfoque en un nuevo tipo de abogacía.

“Estamos acostumbrados a programas de salud pública que les enseñan a las personas a conocer su presión arterial o su nivel de colesterol. En cambio, les restamos importancia a aquellos programas de salud pública que tienen como objetivo anotar a los niños de tres años de edad en programas de guarderías que podrían mejorar su salud en el futuro. Tampoco estamos tan acostumbrados (pero deberíamos) a programas de salud públicos que se enfocan en cómo los planificadores de desarrollo urbano pueden mejorar la condición de vecindarios donde los habitantes son más propensos a sufrir enfermedades cardiovasculares”, señaló.

Los coautores son Mahasin S. Mujahid, Ph.D., M.S.; Donald A. Barr, M.D., Ph.D.; Meryl S. Cohen, M.D.; Salvador Cruz-Flores, M.D.; George Davey-Smith M.A. M.D., B.Chir. M.Sc., Cheryl R. Dennison-Himmelfarb, R.N., Ph.D.; Michael S. Lauer, M.D.; Debra W. Lockwood; Milagros Rosal, Ph.D.; y Clyde W. Yancy, M.D. Las declaraciones de autoría se encuentran en el manuscrito.

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