ROCHESTER, Nueva York, 19 de mayo del 2026— Como cuidadora de la antorcha del Heart Ball de Rochester de este año, Sue Rodeman representó a sobrevivientes, familias y defensores que están ayudando a impulsar la misión de la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón). Pero lo que muchos no sabían hasta hace poco es que Sue también es una sobreviviente de un ataque o derrame cerebral.

En el 2011, con solo 40 años, Sue estaba terminando su jornada laboral cuando sintió que algo “no estaba bien”.

“No podía hacer que el teclado funcionara”, comentó. “Las palabras que estaba intentando escribir simplemente no me salían”.

Entonces llegó el momento que lo cambió todo.

“Fui al baño y vi que un lado de mi cara estaba caído. Recuerdo que pensé: ‘No puedo estar sufriendo un ataque o derrame cerebral’”.

Pero lo era.

A medida que sus síntomas empeoraban, a Sue le costaba mucho llamar a su esposo y, cuando finalmente lo hizo, no podía hablar con claridad. Un compañero de trabajo se dio cuenta de que algo andaba mal y la ayudó a llamar al 911 (o su número de emergencia local).

Para cuando Rodeman llegó al hospital, muchos de sus síntomas ya habían disminuido. Sin embargo, los médicos confirmaron que había sufrido un ataque o derrame cerebral.

“Tuve muchísima suerte”, afirmó. “No sufrí secuelas”.

Aunque Sue no se dio cuenta en ese momento, estaba experimentando los síntomas habituales de un ataque o derrame cerebral, que pueden identificarse con el acrónimo R.Á.P.I.D.O.:

  • Alteración del equilibrio: problemas repentinos para caminar, mareos o pérdida del equilibrio o coordinación 
  • Impedimento visual repentino: pérdida repentina de la vista o dificultad para ver con uno o los dos ojos 
  • Rostro caído: un lado del rostro se cae o se siente entumecido, la sonrisa puede parecer desigual 
  • Pérdida de fuerza en el brazo o pierna: uno de los brazos o piernas se siente débil o entumecido, o se va para abajo cuando se lo levanta 
  • Dificultad para hablar: habla arrastrada o problemas para hablar  
  • Obtenga ayuda, llame al 911: si la persona presenta cualquiera de estos síntomas, incluso si desaparecen, llame al 911 (o su número de emergencia local) para iniciar la atención. Verifique la hora para saber cuándo aparecieron los primeros síntomas.

 

Rodeman experimentó varias señales de alerta en tiempo real: rostro caído, dificultad para mover los brazos y las manos, y dificultades para hablar; y, lo que es más importante, se dio cuenta de que algo andaba mal.

Gracias a que actuó con rapidez y pidió ayuda, recibió atención médica dentro de un plazo crucial y evitó daños a largo plazo.

Su historia es un poderoso recordatorio de que los ataques o derrames cerebrales pueden ocurrir de forma repentina, y que reconocer las señales puede cambiarlo todo.

Después sufrir un ataque o derrame cerebral, Rodeman descubrió que había sido provocado por una afección que desconocía: un pequeño orificio en el corazón, denominado FOP (foramen oval permeable). Se trata de algo con lo que las personas pueden vivir durante décadas sin presentar síntomas, y que a menudo no se detecta hasta que surge algún problema.

“No se puede controlar el hecho de nacer con un defecto cardíaco”, mencionó Sue. “Pero sí se puede controlar lo que se hace a partir de ese momento”.

Hoy en día, se centra en su salud y en la prevención, haciendo todo lo posible para reducir su riesgo futuro.

La relación de Rodeman con la American Heart Association se inició a través de su participación profesional, en la que ayudó a dirigir las iniciativas de la Heart Walk & Run de Rochester y a involucrar a otras personas en la misión.

Lo que comenzó como una relación profesional se convirtió muy pronto en algo profundamente personal.

“Se sintió como una coincidencia afortunada”, indicó.

Su experiencia, sumada a los antecedentes familiares de enfermedades cardíacas, reforzó su compromiso de marcar la diferencia y, finalmente, la llevó a involucrarse más profundamente, lo que incluyó su participación en la junta directiva de la American Heart Association en Rochester.

Durante años, Rodeman mantuvo privada su experiencia con el ataque o derrame cerebral.

“En realidad, no hablé de ello”, comentó. “No se por qué”.

Pero después de escuchar a otro sobreviviente hablar abiertamente sobre su experiencia, algo cambió. Ahora, Rodeman alza la voz, porque sabe que compartir historias puede salvar vidas.

En el Heart Ball, la antorcha que Rodeman levantó en alto durante el evento representa la esperanza, el progreso y las vidas afectadas por las enfermedades cardíacas y los ataques o derrames cerebrales.

Como cuidadora de la antorcha, Rodeman representa las tres facetas:

  • Es una sobreviviente que actuó con rapidez.
  • Una líder que convirtió la experiencia en un propósito.
  • Y ahora, una defensora que ayuda a otros a reconocer las señales y a tomar medidas.

Cualquier persona puede sufrir un ataque o derrame cerebral, incluso una persona sana, activa y de tan solo 40 años.

Pero conocer las señales y actuar rápido puede marcar la diferencia.

“Si compartir mi historia puede ayudar a otra persona”, comentó Rodeman, “Eso es lo que importa”.

Este mes de mayo, durante el Mes del Derrame Cerebral en Estados Unidos, la American Stroke Association (Asociación Americana del Derrame Cerebral) hace un llamado para que todos aprendan las señales de alerta de un ataque o derrame cerebral y cómo prevenir un ataque o derrame cerebral en el futuro.


Este es el primer artículo de una serie dedicada a los sobrevivientes y homenajeados del Heart Ball de Rochester del 2026, en la que cada uno lleva la antorcha a su manera, con gran fuerza.

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